martes, 16 de diciembre de 2014

El Duelo en los niños

Desgraciadamente a veces los profesionales que trabajamos con niños, tanto en las consultas como en los colegios, nos encontramos con momentos muy tristes de sus vidas.
Cuando el duelo que deben superar es el de la pérdida de un abuelito o abuelita, los padres no suelen pedir ayuda profesional a no ser que se prolonguen mucho tiempo o los niños muestren síntomas fuera de los común.
El duelo en los niños es especialmente delicado ya que, en muchas ocasiones, aún no disponen de los recursos necesarios para colocar la información, para saber lo que es real o no, lo que significa "permanente"... Dependiendo de las edades a los niños se les pueden explicar unas u otras cosas.
Cuando el que fallece es uno de los padres la situación es aún más complicada ya que no sólo está el duelo del niño sino el del otro miembro de la pareja que primero debe sobreponerse y trabajar sobre sí mismo para poder después dar la ayuda necesaria a los hijos.


Las claves más importantes para ayudar a los niños en duelo son las siguientes:


1. Solicitar ayuda para la familia: Cuando un menor está en duelo es necesario atender a la familia, porque son ellos quienes principalmente van a dar soporte y contención al niño.

2. Ofrecer al menor compañía y soporte familiar: Los niños y adolescentes necesitan vivir arropados e integrados en la familia y en las dinámicas de despedida que se lleven a cabo.

3. Restablecer cuanto antes la vida cotidiana del menor: Es necesario no descuidar las rutinas y los cuidados cotidianos del niño o el adolescente. Sentir que su vida no se desmorona y que quienes le rodean siguen atendiéndole es vital para su propia recuperación.

4. Ayudar a que el menor pueda hablar y expresar lo que piensa, duda y siente sobre lo sucedido: Con su ejemplo, el adulto debe servir de modelo de comunicación ofreciendo al niño o adolescente la posibilidad de que se exprese.
5. Conocer aquellas claves necesarias para explicar al menor la muerte de un ser querido y ayudarle en su duelo:
a. Decirle siempre la verdad acorde a su momento evolutivo y emocional.
b. Explicarle la muerte en términos físicos y reales.
c. Ayudarle con sus dudas e inquietudes.
6. Utilizar, si es necesario, algunas herramientas útiles para ayudar al menor en la elaboración de su duelo.
¿Y cómo pueden ayudar los profesores?
- Mantener la normalidad pero con flexibilidad.
- Mantener una comunicación regular con los padres o tutores del menor.
- Ofrecer al menor un apoyo adicional (académico y emocional) en el ámbito
escolar.
- Permitir llamadas telefónicas o salidas del aula.
- Respetar y tener en cuenta las fechas especiales.
- Preparar a los alumnos para el regreso de un compañero que está en duelo
Hay que tener en cuenta que pueden tener comportamientos regresivos, volver a hacerse pis, pedir el chupete o biberón, tener rabietas o problemas de conducta. Debemos mantener el entorno firme, siendo comprensivos pero ayudándole a que siga avanzando en su desarrollo.
Para más información hemos encontrado una guía muy completa que incluye el duelo según las edades y cómo se puede comunicar la noticia al menor. También incluye una bibliografía de cuentos que tratan el tema:

http://www.fundacionmlc.org/web/uploads/media/default/0001/01/guia-duelo-infantil-fmlc.pdf

También os dejamos este enlace a un artículo escrito por Isabel Calonge:

http://www.efesalud.com/noticias/como-acompanar-el-duelo-de-un-nino/



viernes, 12 de diciembre de 2014

¿Por qué es importante tener una buena Inteligencia Emocional?


Hoy el tema que queremos destacar es la Inteligencia Emocional. Vemos como psicólogos, que aún muchas personas no le dan importancia a este tipo de inteligencia pero hay que aclarar que no sólo resolvemos nuestros problemas gracias a una inteligencia, llamémosla "intelectual". Ésta puede estar más determinada genéticamente desde el día que nacemos, y aunque se puede desarrollar gracias a la plasticidad cerebral a través de conocimientos académicos, los estudios apuntan a que venimos al mundo con cierta capacidad intelectual.


Sin embargo, la sorpresa es que hay una inteligencia que sí podemos desarrollar y "entrenar" ya que se trata de una habilidad. Las personas que emocionalmente son más inteligentes identifican mejor sus emociones y las de los demás. Al identificarlas mejor hay una mayor probabilidad de que las propias emociones se manejen de forma más satisfactoria ante los conflictos de la vida cotidiana.

Por descontado, esto influye de forma determinante en la manera en la que nos relacionamos con los demás al poder identificar sus emociones y lo que nos quieren transmitir de forma adecuada.

¿Cómo podemos mejorar nuestra IE?

Hay muchas claves que son recomendables pero podemos resumir las siguientes ideas:


  1. Evaluar nuestras interpretaciones: cuando nos sentimos mal, tenemos emociones negativas de tristeza, enfado, etc. Debemos pararnos y ver qué tipo de pensamientos estamos teniendo acerca de la persona con la que interactuamos, de la situación, de lo que nos ha pasado, por qué creemos que ha ocurrido.
  2. Reformular explicaciones: tendemos a tener pensamientos muy negativos o catastróficos incluso de lo que nos pasa o nos dicen, debemos buscar siempre otra manera de ver las cosas, relativizar, ver oportunidades de cambio.
  3. Actuar: tras el análisis anterior debemos llegar a una conclusión de cómo podemos actuar de manera diferente la próxima vez que me ocurra esto o me sienta de esta manera. Al principio este paso es difícil, ya que puede que llevemos muchos años actuando de la misma manera y puede que resulte "forzado" las primeras veces, pero se trata de ir moldeando mi comportamiento y mi forma de pensar, ya que el anterior me hace sentir infeliz.
  4. Permitirme fallos: nadie es perfecto.
  5. Aprender a relajarme: podemos aprender técnicas de respiración, podemos reforzarnos con actividades que nos guste realizar cuando nos sintamos mal, las clases de baile u otras actividades que requieren concentración y que nos motivan, son las ideales.
  6. Afrontar los problemas en los momentos en los que me he relajado y puedo tomar las mejores decisiones. En la mayoría de las ocasiones podemos reflexionar acerca de las situaciones en otro momento. Es una decisión sabia posponer las decisiones a un momento determinado. No se trata de evitar, debemos ser conscientes de que tenemos algo que resolver y debemos elegir un momento para hacerlo.
  7. Por último, trata de aceptar algunos aspectos tuyos o situaciones. Determina qué está en tu mano cambiar y qué puede depender de otros factores. 
Sara Sánchez González
Psicóloga Especialista en Ansiedad y Estrés

jueves, 20 de febrero de 2014

"Todo pasa, todo llega..." (Cuento Sufi)

“Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: – Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total…
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino…
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”

domingo, 26 de enero de 2014

Todos podemos ser felices

Artículo de ELPAÍS

http://elpais.com/elpais/2014/01/22/eps/1390414115_821392.HTML

“¿Por qué estás triste?”. “No lo sé, no sé qué me pasa, tengo una pena encima todo el día. Miro a mi alrededor y debería ser feliz, porque lo tengo todo: una casa bonita, una pareja que me quiere, unos hijos sanos, tengo amigos, pero no consigo disfrutar de la vida”.
La tristeza no siempre lleva a una depresión. Eso son palabras mayores que se refieren a un trastorno psicológico que impide el funcionamiento cotidiano. Hasta lo más sencillo, como arreglarse, cocinar y comer de forma equilibrada, se convierte en un mundo. La depresión afecta a su vida personal, familiar, laboral y social. El futuro se contempla como un lugar desolador, y algunos afectados pierden hasta las ganas de vivir. La persona con depresión suele requerir tratamiento farmacológico y psicológico.

Pero ¿y la tristeza, esa pérdida de ilusión, la sensación de vivir a medias, esa dificultad para sentir placer? Afecta a muchísima gente. No llega a incapacitar, pero sí los sumerge en una vida gris, pobre en emociones, en la que el tiempo pasa sin dejar huella.
¿Por qué hay personas que disfrutan de la vida y otras que no? Aquí tiene algunas claves, que además dependen de usted.

 
 

Tener otro ritmo de vida. Huya de la “prontomanía”. Es la obsesión por contestar a todo de forma inmediata, pronto, ya, como si el mundo se fuera a acabar en los próximos segundos. Las nuevas tecnologías le están quitando los mismos minutos que cree que adelanta dando respuesta a todo ipso facto. Frene, pare. Usted y su entorno han decidido que son urgentes tareas que no lo son. Reeduque a sus compañeros de trabajo, amigos y familia.

Pasar de la fantasía a la acción. En mis conferencias suelo preguntar a los asistentes: ¿si pudiera elegir ahora con su varita mágica otra vida en la que no fuera profesionalmente quien es, a qué le gustaría dedicarse? Nadie contesta “ser millonario”. La mayoría de las respuestas están relacionadas con actividades o formación a la que uno puede acceder cuando quiera: “sería cocinero, fotógrafa, músico, daría la vuelta al mundo en bicicleta, escribiría un libro…”. Casi todo tiene que ver con la parte más creativa de las personas y con nuestra capacidad para expresar nuestro talento. Son profesiones, pero pueden ser hobbies. ¿Por qué no organiza su agenda y busca tiempo para apuntarse a un curso de cocina, o de fotografía, o para hacer más deporte? Igual debería establecerlo como una prioridad. Le hará más feliz que cualquier antidepresivo.

 
 
 

Busque el placer con los amigos y familia, y disfrute de la vida social. Un estudio del investigador y profesor en psicología Richard Wiseman demostró que somos más felices con las experiencias que vivimos con amigos y los viajes que hacemos que con cualquier objeto material que compramos. Nos da felicidad los momentos que compartimos, las risas, y lo recordamos siempre como un placer, mientras que el valor de lo que compramos se olvida rápidamente. Invierta tiempo en experiencias, le será más gratificante que lo que gasta en comprar ropa, zapatos o relojes.
No deje para la jubilación todo lo que tiene pendiente: leer, aprender a dibujar o bailes de salón. Las personas se preocupan tanto por el futuro que dejan de vivir y ser felices en el presente. Ser responsable con las obligaciones es genial, pero tener la agonía de que nunca puede estar tranquilo es un sinvivir. La vida tiene tanto de incertidumbre que es imposible mantenerlo todo bajo control. Disfrute de lo que la vida le ofrece con las personas que quiere. Ahora, aquí y en este momento.
Bese, toque, achuche, busque el calor. El afecto y el amor son grandes fuentes de bienestar. A las personas les gusta sentirse queridas, y las muestras de afecto son la prueba más sincera y directa de amor. Toque incluso a la gente más lejana, mire con cariño a quien le atiende en una cafetería, verá cómo recibe enseguida una respuesta recíproca. El afecto se siembra.

Esperar cosas buenas de la vida. Significa tener esperanza. ¿Hasta ahora ha tenido éxito en su vida cuando se ha dedicado a anticipar las desgracias? No, rotundo. Pensar que va a tener suerte y creer que su momento le espera a la vuelta de la esquina le permite implicarse con más esfuerzo y dedicación en sus proyectos. Y lo hará porque espera obtener un resultado. Pero si piensa que la vida no le depara nada bueno, bajará los brazos y no se esforzará. La esperanza es una fuente de motivación, le empuja para darlo todo. Es la profecía autocumplida. Espere también cosas buenas de las personas, “bieninterprete” las intenciones y comentarios que reciba.

Cambiar el foco de atención. ¿En qué está pensando, en lo que tiene o en lo que le falta? Las personas felices lo son no porque tengan más que los demás, sino porque centran la atención en lo importante

Dé otro valor a lo que siente. Las emociones son buenas todas, incluso las que cree que le hacen daño. Se necesita el miedo, la ansiedad y la tristeza. Son termómetros. El miedo y el estrés le advierten de que existen amenazas, y su tristeza, de que algo va mal. Pero el termómetro solo es el pistoletazo de salida, no un aviso para que nos recreemos en lo mal que nos encontramos. Deje el victimismo de lado, le hace débil y no le permite reaccionar. Sus emociones son el aviso de que tiene que reaccionar. Si la amenaza es verdadera, luche, corra, y si lo está pasando mal, actúe e introduzca un cambio en su vida. Si espera que las circunstancias cambien para empezar a dar pasos, igual se queda sentado toda la vida. Y no exagere lo que siente, no le da más valor del que tiene. Si decide dedicarle toda su atención, sentirá las emociones más intensas de lo que son. Deje la hipervigilancia para otros temas y busque algo que le cambie el estado de ánimo: la música, una charla con amigos, pasear, maquillarse y un largo etcétera.

Compararse. Siempre hemos dicho que uno es como es y que no debe compararse con nadie. Pero a veces las personas se vuelven el ombligo del mundo y pierden la perspectiva de lo afortunadas que son en la vida. Solo se miden con su estado de bienestar anterior o con quienes tienen más suerte o están mejor posicionadas. Rara vez se comparan con quien sufre, con quien tiene dificultades o con quien no tiene trabajo o menos recursos económicos. Sea empático, póngase en ese lugar, verá cómo su vida no es tan miserable. Y si fuera capaz de echar una mano a personas más desfavorecidas, comprobaría cómo recupera la ilusión por detalles de su propia existencia a los que ahora no da ningún valor.

Convénzase de que merece ser feliz. ¿Por qué tiene esa idea absurda de que en esta vida estamos para sufrir? Estamos para disfrutar y para sacarle todo el jugo que se pueda. Hay personas a quienes les da miedo ser felices. Tienen la creencia completamente irracional que relaciona este sentimiento con sentirse culpables y atraer las desgracias. Un pensamiento del tipo “estoy tan feliz que algo malo tiene que llegar”. Estas ideas les llevan a frenar su estado de bienestar, por miedo a tentar a la mala suerte y que se pongan enfermos o se muera alguien o pierdan el trabajo. No hay una relación directa entre disfrute y que vengan mal dadas. Lo cierto es que la vida trae buenos y malos momentos, no siempre controlables por nosotros. Así que es normal encontrarse con piedras y dificultades en el camino, pero no son la consecuencia de que seamos felices, sino de que se tienen que vivir y nos pasan a todos, vienen en el reparto de la vida. Hay que buscar y provocar nuestros estados de paz y felicidad personales.
La felicidad no se compra, sino que se deleita en cada momento de nuestra vida. Deje de invertir en cosas y hágalo en tiempo, risas, cenas, una buena copa de vino, disfrutar de la amistad, de un café, de una llamada de teléfono relajada, de un paseo, de los detalles que se le escapan buscando la felicidad en el mapa del tesoro. Claro que podría estar mejor de lo que está, usted, su vecino y yo también. Pero pensar en ello le limita. Disfrute lo que tiene y no deje de esforzarse para seguir viviendo experiencias.

miércoles, 15 de enero de 2014

¿DONDE BUSCAR LA FELICIDAD?

Algunas cuestiones muy relevantes sobre la felicidad hoy en día, claves importantísimas y fáciles de tener en cuenta. La felicidad es un camino, una actitud, un seguir aprendiendo, un crecimiento.